DEL PUERTO DE NAVACERRADA A MANZANARES DEL REAL: “NIVEL SUICIDA”.

¡Un saludo aziblogueros! ¡Qué ganas teníais de oír la crónica de este fin de semana!, ¿no?, lo noto, lo percibo en vuestras caras expectantes. Pues bien, aquí la tenéis: menuda sorpresa nos tenía reservada Pedro a todos aquellos que nos apuntamos a la ruta de este Domingo. Éramos diez en total, algunos conscientes de la extrema dureza del trayecto que íbamos a emprender y otros, más despistados, no se imaginaban el percal para nada. Fue algo espectacular, inédito, poco habitual en las programaciones de Azimut, que requería de una enorme capacidad de entrega y sacrificio para completar la totalidad del itinerario. Por favor, que me da un ataque de risa, al ver las siete horas de duración que puso Pedro en la página de Azimut, las cuales, finalmente, fueron 11 largas horas de aventura montañera. Con deciros que nació un nuevo nivel de dificultad bautizado como “Nivel suicida” donde el maltrecho expedicionario solo tiene dos alternativas bien claritas: o bien “continuar la ruta” o bien “colgarse de un árbol”. Exhausto y sin resuello yo propuse suicidarme tomando cañas en Manzanares del Real mientras esperaba al resto del grupo, eso sí,  previo rescate por un helicóptero; la moción, desgraciadamente, no fue aceptada por mayoría abrumadora del resto de compañeros.

La ruta quedará escrita con letras de oro en los anales de Azimut y partía desde el Puerto de Navacerrada, donde ascenderíamos a la bola del mundo, para luego remontar el cerro de Valdemartín y continuar con dos subidas de intenso desnivel para alcanzar, en ambas, Cabeza de Hierro Mayor y Menor, y seguir por todo el cordal hasta la “pradera de las zorras”, para continuar sin tregua en dirección hacia los torreones de la Pedriza, y, desde los mismos, iniciar el descenso a Manzanares del Real. El momento culminante llegó una vez superado el cerro de Valdemartín (ya con un miembro menos en el grupo debido al desistimiento de Ana), cuando, frente a nosotros, se erguía la imponente mole nevada de Cabeza de Hierro Menor (2374 m) e inmediatamente comprendimos que habríamos de superar un fuerte desnivel que ponía los pelos como escarpias, porque, sin duda alguna, ésta sería la prueba definitiva a nuestra resistencia y fortaleza física. Fue el momento más arrebatador, todos totalmente quietos y embelesados por el paisaje, nueve diminutos puntos en una inmensa alfombra de nieve frente a un coloso que nos llenaba de admiración, ensimismados en esa actitud contemplativa y silenciosa que dura unos segundos, previa a toda exigente ascensión. ¡Era tan bonito!…De verdad, que parecía una travesía por el Himalaya, todo engalanado por un intenso manto de nieve donde el sol reverberaba acentuando con mayor viveza el espectáculo que contemplábamos…¿Qué tendrá la belleza que a todos los ojos sin distinción cautiva? Nadie discute sobre la belleza porque es un regalo de la existencia que se nos ofrece para disfrutarlo…Bueno continuo, qué me lío y no acabo…Pues bien, la ascensión a Cabeza de Hierro Menor fue la más intensa y tuvimos que superar el desnivel más severo pero, ¡objetivo cumplido!…Las vistas eran increíbles y, sin duda, confirmó lo que Pedro nos adelantó sobre esta ruta: que era una de las más hermosas y llenas de encanto de todo Guadarrama, hecho que debo corroborar e, incluso, me atrevo a afirmar que la más bonita que he realizado hasta ahora. Voy más lejos, en la vida cotidiana mueres y renaces a cada instante; cada momento pasado muere para volver a nacer en el futuro, pero en la cima de Cabeza de Hierro Menor, todo se detuvo, ¡era una sensación formidable!, ambos, pasado y futuro se fundieron para crear un hermoso presente lleno de eternidad. ¡Qué bien me ha quedado! ¡Toma ya!…

Bueno, la larga travesía seguía y llegamos a Cabeza Mayor (2384 m) sobre la una y veinte, y, según Pedro, habíamos completado solo un cuarto de la ruta: ahora que escribo la crónica, ¡qué razón tenía! Pues, continuamos por todo el cordal, sin descanso, hasta la “pradera de las zorras”, desviándonos por el sur hacia la Pedriza, dejando al oeste la Najarra, que sería el camino a seguir si hubiésemos querido completar “la cuerda larga”. Comimos sobre las tres, prácticamente lindando los límites de la zona de la Pedriza y, después, seguimos rumbo a los torreones para coger el sendero PR que lleva a Manzanares del Real. A lo largo del descenso por esta vía hacia Manzanares, coincidí un buen rato con Goyo y Elena, yendo detrás y marcando cierta distancia para respetar su intimidad. ¡Fue una experiencia entrañable de observar!…De repente, Elena, dando saltitos y fuera de sí, le gritaba a Goyo, “-¡Mira Goyo una rana!”, y Goyo moviendo frenéticamente ambas manos a la altura de la cabeza contestaba arrebatado por el frenesí “-Síiii, una ranita verde”…Jajajaja…¡Qué bonito es el Amor con mayúsculas y ellos son el mejor ejemplo”…¡Ay, Suspiro!…Bueno he de proseguir y acabar con esta crónica…Llegamos a canto cochino exhaustos, desarrapados, con las facultades mentales perturbadas (¡uno de nosotros iba a paso de oca creyéndose en un desfile napoleónico llevando el palo telescópico en el hombro a modo de fusil!), deshidratados, con la lengua fuera pidiendo ¡por misericordia!, a cualquier semejante que nos cruzáramos, una escudilla de agua…¡Menudo cuadro!…Parecíamos la expedición de Cristóbal Colón tomando tierra por primera vez en las Américas: Pedro clavando la bandera de Azimut con la boca desencajada por la emoción, el resto de rodillas, eufóricos, alzando las manos al cielo en señal de agradecimiento al Señor, y Salvador, un chico nuevo despistado que se apuntó a esta dura expedición, llorando desconsoladamente aferrándose a las perneras de Pedro Colón…jajajaja…¡Qué exagerado!…

Como epílogo a esta gran experiencia, una vez llegados a Canto Cochino, seguimos una hora más hasta el Tranco y luego hacia Manzanares del Real. En la placita de esta localidad, mientras esperábamos el Bus a Madrid, degustamos las bien merecidas cañas con limón. Tres cosas, de las muchas que ocurrieron, que me gustaría destacar: las mujeres que asistieron a esta gran aventura “Esther, Laura, Ana, y Elena” serán condecoradas con la medalla de Azimut al valor y al mérito…¡Enhorabuena a todas ellas!…La segunda es que comentamos sobre un sitio muy curioso que está en chueca y parece ser que se llama “El Cisne Azul” (a confirmar) donde están especializados en todo tipo de setas, según temporada, y tienen una carta espectacular de estos hongos para pedir lo que a uno se le antoje. ¿Tendrán setas alucinógenas? Algunas me he tomado yo para escribir las crónicas de Azimut….Jajajaja….Finalmente, un sonoro aplauso para nuestro querido Jorge, que, a pesar de haberse lesionado en la rodilla, continuó como pudo la ruta, haciendo un esfuerzo titánico, dando muestras de ese gran espíritu de superación que nos enseña la montaña y que tan necesario es para la vida. ¡Eres un valiente y la montaña y cuanto en ella existe ya son para ti, porque eres un montañero!…¡Un saludo aziblogueros y hasta la próxima!…

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