La Gran Cañada

La Pedriza Oriental

La Pedriza Oriental

Cuando aún tenía cicatrices en las manos debido a la trepada al Abantos (Nano, ¿dónde está tu crónica? ¿La trepada te dejó sin palabras?), Pedro nos propuso subir a la gran Cañada de la Pedriza. Aparcamos el coche junto al castillo, atravesamos el pueblo y entramos en La Pedriza por el Alcornocal bajo un cielo azul y un sol primaveral. Tras coronar el collado del Ave María y saludar al Caracol, bordeamos los riscos del Ofertorio y llegamos a la Gran Cañada. Allí hicimos una primera parada y pudimos degustar las delicatessen que llevábamos en las mochilas: kuchen alemanes de chocolate aportados por Ana Such (a quien deberíamos llamar Ana Sweet) que nos supieron a gloria, bolas de mantequilla salpicadas de chocolate aportados por quien escribe estas líneas, frutos secos de variadas procedencias y gran aporte energético aportados por Laura, Paz, Pedro y Alfonso. Tras el inmerecido descanso nos adentramos en un terreno casi ignoto: el Este de la Gran Cañada. Los montañeros solemos tomar la Senda Maeso que conduce al norte, a las rocas septentrionales de La Pedriza, muchas de ellas con nombre propio; pero en esta ocasión viramos al este y pudimos ver rocas nuevas, quizá sin nombre propio pero llenas de desconocido encanto. Nuestra nueva compañera Paz nos indicó que los lugareños llaman a este lugar “El Paraíso”. Apuntamos en nuestros libros de notas la situación de los horcajos que suben hacia unas torres solitarias que habremos de escalar en un futuro cercano. Después continuamos en la misma dirección, deseosos de conocer lo que se esconde al este del Edén. Tras alcanzar los confines de este mar rosa y rocoso, caminamos por una pista hacia el río Manzanares. Comimos junto a sus orillas divisando multitud de aves acuáticas y multitud de laderas pedregosas cubiertas de nubes amenazadoras cada vez más cercanas. Después de un postre a base de los últimos polvorones de almendra de este invierno se levantó un fuerte viento glacial y comenzó una fina y fría lluvia que nos invitó a recoger toallas y sombrillas para regresar al pueblo, donde finalizamos la jornada con unas cervezas y un colacao.

 

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