Cancho Gordo y Cancho de la Cabeza

Cerca de la cumbre de Cancho Gordo

Cerca de la cumbre de Cancho Gordo

El pasado domingo salimos de Plaza de Castilla con intención de subir cuatro cumbres: el Reajo Alto, el Reajo Capón, el Reventón y la Muela. Cuatro cumbres en una sola jornada: el nivel alpinístico de Azimut está subiendo últimamente y queremos mantener esta tendencia. Los valientes éramos Ana Such (excelente conductora por cierto), Pedro, Nano y Antonio. Y en Rascafría habíamos quedado con la delegación toledana de Azimut: Rebeca y Ruth. Mientras los cuatro montañeros de Madrid realizábamos una auditoría de calidad a la fábrica de chocolate de Rascafría, recibimos la preocupante noticia de que nuestras compañeras toledanas se encontraban atrapadas en la carretera nevada de Navacerrada. Azimut reaccionó con rapidez: se acordó un cambio de planes de tal modo que las dos montañeras darían media vuelta y se dirigirían a La Cabrera, donde nosotros las recibiríamos con pancartas y banda de música. Una vez reunido el equipo completo de montañeros y aparcados los coches junto al Convento de San Antonio (¡cuántas cosas han ocurrido allí desde que se levantó este Convento en el siglo XI!) recorrimos las faldas del Cancho de la Cabeza hasta hollar su mismísima cumbre atravesando las ruinas del poblado ibérico. El espectáculo era sensacional: la ladera norte del Mondalindo parecía un espejo roto donde se miraban las nubes, pues toda ella estaba blanca de nieve salpicada de agrestes rocas. El viento huracanado nos invitó a bajar de la cima: quizá el dios ibérico del viento quería recobrar su soledad.

Desandando el camino volvimos a los alrededores del Convento y tomamos un camino nuevo para nosotros. Sus hitos nos condujeron a unas rocas donde comimos protegidos del viento ibérico. Después de comer retomamos el camino. La pendiente era cada vez mayor y creció hasta alcanzar los 50 grados en un terreno con multitud de obstáculos rocosos. La nieve era cada vez más abundante y cuando yo ya temía que el camino podría morir a los pies de alguna vía de escalada, Nano divisó las ruinas existentes en la cima del Cancho de la Cabeza. ¡Habíamos llegado a la cima por un camino nuevo, muy pendiente y cargado de nieve!. Los últimos metros fueron delicados debido al terreno mixto, pero trepar por rocas nevadas es una experiencia alpina reservada para montañeros de alto nivel como nosotros. Saciados con esta segunda cumbre descendimos hasta el Collado Alfrecho y desde ahí bajamos al Convento disfrutando de una suave nevada.

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