El Alto del Telégrafo

Siete Picos desde el mirador

Siete Picos desde el mirador

Aunque es muy recomendable consultar la predicción meteorológica antes de ir a las montañas, también es cierto que dichas predicciones deben ser consideradas orientativas y no como predicciones infalibles. La predicción meteorológica de ayer era de lluvia pero cuando el tren llegó a Cercedilla a las 9:30 de la mañana no caía ninguna gota, no había nubes de lluvia sobre las montañas y la visibilidad era perfecta: todas las cumbres nevadas se presentaban ante mí formando un escenario mágico de color blanco sobre fondo blanco. Tanto es así que decidí subir al Séptimo Pico por un camino al que suelo llamar “el camino directísimo del Séptimo Pico” dado que sube desde Cercedilla hasta la cumbre del pico por un camino directo. Salí de Cercedilla por el GR10, pasé por Camorritos, llegué a la estación en desuso de Siete Picos y alcancé el mirador sin nombre en el que siempre me detengo para hacer fotos (ver foto de arriba). A partir de este punto ya había nieve en el suelo. Continué mi ruta hacia la cumbre aún lejana y pude comprobar que la nieve tapaba el camino: toda la ladera era un manto blanco en el que afloraban árboles y rocas. Ante el riesgo de perder el camino decidí modificar mi ruta y subir al Alto del Telégrafo dado que el camino hasta ahí es más fácilmente identificable y además tenía huella, lo cual me ayudaría a progresar dado que la profundidad de cada huella se acercaba a los treinta centímetros. Eso sí: la huella había sido abierta por un montañero solitario en sentido descendente y yo temí que desapareciera de un momento a otro. Mis temores se hicieron realidad y, al cabo de una hora me encontré sin huella ni camino. Tuve que hacer uso de mi memoria y de la observación del terreno para adivinar el trazado del sendero. En varias ocasiones erré en la dirección y me encontré en zonas donde la nieve me llegaba por la ingle, haciendo casi imposible mi progresión. Cuando me encontraba con algún arroyo no dudaba en caminar sobre su lecho para poder descansar un poco de tanto levantar mis piernas. Las zonas nevadas supusieron toda una prueba de paciencia pues, a cada paso que daba, me hundía en la nieve, siendo necesario un esfuerzo ímprobo para continuar. No sé cuánto desnivel efectivo llegué a salvar pero sí sé que tardé tres horas en llegar al Alto, cuando lo normal es tardar dos horas aproximadamente. Cometí un error de desviación de unos 30 metros, lo cual me pareció mu y aceptable, toda vez que la parte final, cercana al Alto, está inundada de hitos que van en todas direcciones y uno no sabe cuál es el correcto. Me llamó la atención la dureza de la nieve en aquel lugar, sin duda debida a la menor temperatura. Me alegré al encontrar huellas de montañeros solitarios allí arriba pues, al verlas, me encontraba menos solo en mi necesidad de subir montañas. El espectáculo era sensacional: me rodeaban cumbres nevadas (Siete Picos, La Bola, Maliciosa…) y el cielo estaba blanco como la nieve de la tierra. Os muestro alguna foto:

Maliciosa desde el Alto del Telégrafo

Maliciosa desde el Alto del Telégrafo

Dado lo tardío de la hora decidí emprender el regreso. Descarté regresar por la senda Herreros porque no siempre es fácil encontrar su trazado cuando está nevada (¿verdad, Goyo?). También descarté volver por donde había subido, por razones obvias. Y descarté el camino que faldea Siete Picos por su flanco sur porque lo imaginé tan cansado como el de subida. Así que decidí bajar al puerto de Navacerrada y coger el Camino del Calvario, que siempre tiene menos nieve y está más protegido. Un espectáculo muy triste me esperaba en el puerto: los aparcamientos estaban completos, las carreteras estaban colapsadas, cientos de coches congestionaban los accesos, miles de personas paseaban por la zona. Algunas personas caminaban por la nieve con zapatos de ciudad; otras se deslizaban ladera abajo sobre bolsas de plástico; con tanto equipamiento profesional no me explico por qué ocurren accidentes. Caminé por el Camino del Calvario mientras comenzaba a llover, llegué a Cercedilla, saludé a Lorena y cogí el tren de las 15:30 para volver a Madrid.

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