Cumbres y cuerdas en Ayllón

En la cima del Rocín o Acebosa

En la cima del Rocín o Acebosa

Los mapas de cordales son muy útiles para entender la distribución de las montañas en un macizo. Y hay algunos puntos que son especialmente adecuados como puntos de observación para dibujar estos mapas. La ruta que hicimos por los montes que rodean el pueblo de Peñalba, en la sierra de Ayllón, son un ejemplo de ello. Junto al pueblo existe una cuerda circular a modo de circo que nace en el puerto de Peñalba y muere en el Alto del Águila, sin que dichos extremos puedan tomarse de forma exacta, y esta cuerda es un paradigma de los lugares privilegiados de observación.

Nosotros comenzamos nuestra ruta en el propio pueblo de Peñalba, y aprovechamos trochas y veredas para subir a la cuerda a la altura del monte de El Segoviano.

En la cima de El Segoviano

En la cima de El Segoviano

Una vez en la cima continuamos la cuerda hasta la siguiente cumbre del día, que se alcanza tras una breve trepada.

Breve trepada

Breve trepada

Otra breve trepada

Otra breve trepada

En los mapas no hay consenso acerca de su nombre: algunos la llaman Rocín y otros lo llaman Acebosa. Yo me inclino por la primera opción. Las vistas desde allá arriba son espectaculares. Destacaré aquí la cara sur de El Cerrón, salpicada de neveros; el inmenso valle a nuestros pies, hacia el oeste, por donde discurre un arroyo formando breves cascadas; el Ocejón hacia el sur y los picos de Urbión en el lejano noreste.

Después de comer continuamos recorriendo la cuerda, que en ese punto comenzaba a describir la curva del fondo de la “U”.

En el fondo de la "U"

En el fondo de la “U”

Tras una bajada vertiginosa y un pasaje rocoso, las formas de la cuerda se suavizaron y así alcanzamos el collado que precede a la cumbre del Águila. En ese punto abandonamos la cuerda y bajamos de regreso al pueblo aprovechando una loma salpicada de robles centenarios.   De camino a Madrid hicimos un alto en Montejo para saludar a Nani, la pastelera del pueblo, que mantiene viva su costumbre de lanzar al aire sus pasteles para que sus clientes y admiradores los cojamos al vuelo. Un dulce final para un día lleno de montañas.

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