La Maliciosa desde Mataelpino

 

La Maliciosa

La Maliciosa

La gente de ciudad piensa que a los montañeros nos gusta complicarnos la vida. Por ejemplo: la idea de pasear desde el pueblo de Mataelpino hasta el pueblo de Navacerrada es muy sana y loable; pero, ¿a quién se le ocurre hacer este recorrido pasando por la cumbre de la Maliciosa? Este “rodeo” se podría entender si no hubiera otras opciones, pero en este caso sí hay alternativas: el camino GR10 une ambos pueblos pasando por la falda de la montaña y salvando el suave collado de los Almorchones. Pero como nosotros somos montañeros pues pasamos por la cima de una montaña. Y si a nuestra pequeña locura añadimos otros deslices que paso a relatar, no es de extrañar que ocurrieran todas las cosas que ocurrieron el pasado domingo.

Ese día nos juntamos varios montañeros, a saber: nuestra corresponsal en Venezuela (Carmen), nuestra corresponsal en León (Ana), el guía de moda (Nano), el admirador del guía de moda (Edu), un atleta olímpico (Fernando, amigo de Edu) y quien escribe estas líneas (AntonioTrufas). Yo pensé que ya lo había visto todo en equipamiento de montaña, pero cuando vi a Fernando comenzar la ruta con sandalias en lugar de botas temí que habría algún herido durante la jornada. Y cuando vi a Nano caminar con cojera empecé a preocuparme de verdad.

Desde el pueblo, después de saludar a la pastelera, nos adentramos en el valle de Gargantilla. La subida es suave y constante, y un poco calurosa dado que estamos en verano. Al cruzar el río hicimos un pequeño descanso para prepararnos para la subida fuerte que viene a continuación. En este punto la pendiente se acentúa, la respiración se acelera y el ánimo se sube. Es por eso por lo que Fernando (el de las sandalias) se puso unas zapatillas deportivas.

... la pendiente se acentúa...

… la pendiente se acentúa…

Tras media hora larga de subida y tres horas desde el pueblo, llegamos a la cuerda, la misma cuerda que conduce a Peña Corva y a La Maliciosa. Allí descansamos un rato en una amplia sombra.

En este punto se hicieron dos grupos: Carmen y Fernando (el de las sandalias) decidieron establecerse en este campamento de altura para apoyar logísticamente al resto del equipo. Hay que hace notar que Fernando (el de las sandalias) ya estaba ligeramente lesionado por un golpe en el dedo y otro en la pierna. El resto de los montañeros acometimos el ascenso a la cumbre de la Maliciosa. ¡Qué subida grandiosa! ¡Qué pendiente, qué desnivel y qué firme inestable! No caminábamos: volábamos, y cada paso era más ligero que el anterior.

Subiendo la Maliciosa. Los 4 montañeros aparecen marcados

Subiendo la Maliciosa. Los 4 montañeros aparecen marcados

La llegada a la cumbre fue espectacular; el paisaje estaba muy claro; aún quedaban charcos de nieve en la cara sur de las Cabezas y el aire estaba claro y nos permitía ver todas las cumbres conocidas. Me asomé al espolón suroeste para ver desde allá arriba a Carmen, quien me estaba fotografiando desde el campamento de altura. ¡Qué buenas fotos nos hizo! ¡Cuánto tiempo he estado deseando tener una foto de una montaña estando yo en su cima! ¡Gracias Carmen! ¡Te regalaré una tartaleta de Madame Framboise!

AntonioTrufas en la cima

AntonioTrufas en la cima

Tras un rato de descanso, emprendimos el regreso para reagruparnos con nuestros compañeros. Durante el descenso, Nano se hirió en la pierna y la sangre brotó de sus heridas cual Medusa mitológica; Ana sufrió una caída que afectó a la zona de su cuerpo donde la espalda pierde su nombre; Edu se reunió con su amigo Fernando (el de las sandalias) que, recordemos, sufría dolores en un dedo y una pierna. Y allí, en aquel campamento de altura, todos comimos juntos dándonos ánimos mutuamente para elevar la moral de los heridos, cuyo número estaba en preocupante aumento. Tanto Ana como Nano recibieron atención médica, sin la cual todavía estaríamos allá arriba. Entre Betadine y Pan de Aachen de Ana cualquiera se recupera de un accidente en montaña.

Decidimos bajar al pueblo de Navacerrada por el camino de Tijerillas, disfrutando de los placeres del camino, del agua fría de la fuente y, después, de la cerveza fría del bar del pueblo. Nano, insatisfecho con los escasos riesgos de la jornada, bebió del agua salvaje del río montañés. Espero recibir pronto noticias suyas, lo cual significará que sigue vivo.

Edu mostró una vez más su sabiduría durante toda la jornada comentando sus pormenores, ponderando sus aciertos y alentando al grupo.

Yo, con la jarra de cerveza en la mano y la mirada en mis compañeros heridos, suspiraba con alivio por lo que podía haber sido una página negra en el libro de Azimut pero que fue otra página gloriosa de montañismo.

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