Nuevos caminos en Valdemanco

Panorámica de la Cuerda Carpetana desde El Reajo

Panorámica de la Cuerda Carpetana desde El Reajo

Hace algunos meses caminaba con Elena y Goyo por los alrededores de Valdemanco y, pasado el puerto del Medio Celemín, vimos una pista que bajaba en dirección al pueblo de Garganta de los Montes. Se nos echaba el tiempo encima y regresamos al pueblo pero yo me propuse volver algún día para recorrer dicha pista, llegar a Garganta y buscar el camino que sube por la cuerda hasta las antenas del Reajo. Ayer fue el día elegido para la exploración: llegué en autobús a Valdemanco, visité la pastelería de la plaza (me volví a asombrar por su colección de madalenas y pastas de mil sabores), subí al collado del Medio Celemín y consulté el mapa para asegurarme del camino. En ese momento pasaba por allí una vecina del pueblo a quien pregunté si conocía los caminos de la zona: me habló de los caminos que suben a la cumbre, de las nuevas veredas abiertas, de las fuentes escondidas y de alguna aventura montañera que había vivido allí con su hermana subiendo los riscos campo a través. Me maravilló su conocimiento de aquellas montañas, y sus consejos me dieron tanta seguridad que, cuando me dijo que su nombre era Pilar, pensé que difícilmente podía tener un nombre más apropiado. Espero poder tener pronto la ocasión de pasar un día montañero con Pilar, la guía de Valdemanco. Después de aquella conversación decidí abandonar la pista que baja hacia Garganta y emprendí la subida hacia la cumbre. Tras recorrer un tramo de pista, otro de vereda y una trocha empinada, alcancé la cuerda, que me llevó enseguida a la cima de El Reajo. La vista era magnífica, aunque la cuerda Carpetana estaba cubierta de nubes y, minutos más tarde, habría de ver rayos en Somosierra. Por ello decidí dejar para otra ocasión la bajada a Garganta y caminé hacia el monte Mondalindo, disfrutando de la visión del Valle del Lozoya a mi derecha y del triángulo montañero de Bustarviejo (Arcón, Cristiana y Pendón) a mi izquierda. El viento era fuerte y frío, y hube de abrigarme en la cumbre del Mondalindo.

En la cima del Mondalindo

En la cima del Mondalindo

Después llegué a ese rincón privilegiado de nuestra sierra que es el Collado Abierto, desde el cual bajé al pueblo de Bustarviejo evitando pasar por la mina de plata, que nunca se sabe si será verdad la leyenda del minero que murió en su interior y cuyos gritos aún se escuchan por los alrededores.

Bajando hacia el Collado Abierto

Bajando hacia el Collado Abierto

El camino de la Mina de Plata de Bustarviejo

El camino de la Mina de Plata de Bustarviejo

Comí en un balcón natural de rocas encima del pueblo y después bajé a su plaza para coger el autobús de regreso a casa.

 

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