El Puerto de Malagosto

En la cumbre del Anjare

En la cumbre del Anjare

Perderse en la montaña es encontrarse con uno mismo. Cuando recorremos las montañas contemplando cumbres conocidas, pueblos lejanos visitados, laderas caminadas; en esos casos disfrutamos de la montaña tal y como es, nos sorprendemos por su belleza, la admiramos. Pero cuando perdemos el camino, o cuando la niebla nos impide orientarnos, o cuando nos damos cuenta de que no estamos donde creíamos, entonces suceden cosas distintas: el orden de prioridades cambia, el disfrute disminuye, el objeto de nuestra contemplación se trasmuta. En estas situaciones, el entorno ya no es quien marca nuestras acciones y reacciones; en estas situaciones es nuestra persona, nuestro ser interior, quien decide nuestros actos. En estas situaciones nos encontramos con nosotros mismos.

El pasado sábado nos fuimos Rebeca, Javier (amigo de Rebeca) y Antonio hasta el pueblo de Rascafría. Allí visitamos la fábrica de chocolate para después ascender hasta el collado de Malagosto enlazando caminos diversos. Tras tres horas de ascenso llegamos a una cumbre sin nombre, de 2002 metros de altitud, a quien Rebeca bautizó como “Cumbre de Anjare”. Así consta en mi mapa desde entonces. Allí comimos divisando el inmenso Valle del Lozoya a nuestros pies. A continuación bajamos al puerto de Malagosto y rendimos homenaje al Arcipreste de Hita, compañero nuestro en esto de andar por el Guadarrama. También visitamos la reconstrucción de la vivienda de la serrana Chata (con quien se encontró el Arcipreste), realizada a pocos minutos en dirección a Segovia.

En la Cruz del Arcipreste

En la Cruz del Arcipreste

El chozo de la serrana

El chozo de la serrana

Una vez hubimos regresado al puerto, emprendimos el descenso intentando encontrar el trazado del PR20, camino que aparece marcado en algún mapa antiguo. Pero no lo encontramos: al cabo de medio kilómetro, el camino constantemente desaparece y vuelve a aparecer, y así continúa durante gran parte del descenso. Entramos en Rascafría con las últimas luces del día, habiendo disfrutado enormemente de la jornada, y sin haber sido capaces de encontrar el camino buscado, pero, al menos en mi caso, habiéndome encontrado conmigo mismo una vez más.

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